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Fin del capitulo 3 y capitulo 4 entero: la ayuda al necesitado

El agua apaga el fuego que arde, y el dar limosna consigue el perdón de los pecados.

Del que hace el bien se acordarán después; cuando resbale, encontrará quien lo sostenga.

Hijo mío: no te burles del que vive en la aflicción, ni desprecies al que sufre amargamente.

No dejes sufrir al que esté necesitado ni te escondas del que esté abatido (Lc 10, 25-37), ni le niegues tu ayuda al pobre.

No te hagás el desentendido con el que está abatido


No rechaces al débil que te pide ayuda, ni les des motivo para que te maldiga.

Si al sentirse triste y amargado levanta la voz, el Creador escuchará sus gritos.

Hacete querer por los demás, y respetá a la autoridad.

Escuchá con atención al pobre y devolvele con sencillez el saludo.

Librá al oprimido del opresor, y no te negués a dar un fallo justo.

Portate como un padre con los huérfanos y como un esposo con las viudas. Así Dios te llamará hijo (Mt 5,9), te amará y te librará de la desgracia.

La Sabiduría instruye a los que la buscan; los guía como si fueran hijos suyos. Los que la aman, aman la vida; los que la buscan con afán, agradan al Señor.

Los que la retienen, recibirán honor de Él; dondequiera que vivan los bendecirá el Señor.

Servirla a ella es servir al Dios Santo; el Señor ama a los que La aman.

El que la obedece, juzgará a las naciones; el que le hace caso, vivirá en la casa de ella.

Disimuladamente caminará con él. Primero lo pondrá a prueba, y cuando tenga de ella lleno el corazón, volverá a él para guiarlo y revelarle sus secretos.

Pero si él se desvía, lo rechazará y lo entregará a la ruina.

Hijo mío: fijate en las circunstancias y alejate del mal, para que no te avergüences de vos mismo.

Porque hay una vergüenza que trae pecado y otra vergüenza que produce honor y buena fama.

No tengas consideraciones con otros en perjuicio propio, ni seas tan tímido que te perjudiques a vos mismo.

No dejes de hablar cuando sea necesario ni escondas tu sabiduría. Porque la sabiduría se conoce al hablar, y la inteligencia, al dar respuesta.

No seas rebelde a la verdad, ni luchés contra la corriente de forma insensata.

No te avergoncés de confesar tus faltas, avergonzate más bien de tu ignorancia.

No te avergoncés de confesar tus pecados.
El demonio te roba la vergüenza para pecar, y te la devuelve para confesarte.
No te humillés delante de un insensato, pero no resistas a los que gobiernan.

Luchá por la justicia hasta la muerte, y el Señor luchará a favor tuyo.

No seas sobrador cuando hables, ni débil y cobarde en tus acciones. No seas como un león con tu familia y tímido con tus esclavos.

No mantengas la mano extendida para recibir, y recogida para dar.

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