El agua apaga el fuego que arde, y el dar limosna consigue el perdón de los pecados.
Del que hace el bien se acordarán después; cuando resbale, encontrará quien lo sostenga.
Hijo mío: no te burles del que vive en la aflicción, ni desprecies al que sufre amargamente.
No dejes sufrir al que esté necesitado ni te escondas del que esté abatido (Lc 10, 25-37), ni le niegues tu ayuda al pobre.
No rechaces al débil que te pide ayuda, ni les des motivo para que te maldiga.
Si al sentirse triste y amargado levanta la voz, el Creador escuchará sus gritos.
Hacete querer por los demás, y respetá a la autoridad.
Escuchá con atención al pobre y devolvele con sencillez el saludo.
Librá al oprimido del opresor, y no te negués a dar un fallo justo.
Portate como un padre con los huérfanos y como un esposo con las viudas. Así Dios te llamará hijo (Mt 5,9), te amará y te librará de la desgracia.
La Sabiduría instruye a los que la buscan; los guía como si fueran hijos suyos. Los que la aman, aman la vida; los que la buscan con afán, agradan al Señor.
Los que la retienen, recibirán honor de Él; dondequiera que vivan los bendecirá el Señor.
Servirla a ella es servir al Dios Santo; el Señor ama a los que La aman.
El que la obedece, juzgará a las naciones; el que le hace caso, vivirá en la casa de ella.
Disimuladamente caminará con él. Primero lo pondrá a prueba, y cuando tenga de ella lleno el corazón, volverá a él para guiarlo y revelarle sus secretos.
Pero si él se desvía, lo rechazará y lo entregará a la ruina.
Hijo mío: fijate en las circunstancias y alejate del mal, para que no te avergüences de vos mismo.
Porque hay una vergüenza que trae pecado y otra vergüenza que produce honor y buena fama.
No tengas consideraciones con otros en perjuicio propio, ni seas tan tímido que te perjudiques a vos mismo.
No dejes de hablar cuando sea necesario ni escondas tu sabiduría. Porque la sabiduría se conoce al hablar, y la inteligencia, al dar respuesta.
No seas rebelde a la verdad, ni luchés contra la corriente de forma insensata.
No te avergoncés de confesar tus faltas, avergonzate más bien de tu ignorancia.
No te humillés delante de un insensato, pero no resistas a los que gobiernan.
Luchá por la justicia hasta la muerte, y el Señor luchará a favor tuyo.
No seas sobrador cuando hables, ni débil y cobarde en tus acciones. No seas como un león con tu familia y tímido con tus esclavos.
No mantengas la mano extendida para recibir, y recogida para dar.
Del que hace el bien se acordarán después; cuando resbale, encontrará quien lo sostenga.
Hijo mío: no te burles del que vive en la aflicción, ni desprecies al que sufre amargamente.
No dejes sufrir al que esté necesitado ni te escondas del que esté abatido (Lc 10, 25-37), ni le niegues tu ayuda al pobre.
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| No te hagás el desentendido con el que está abatido |
No rechaces al débil que te pide ayuda, ni les des motivo para que te maldiga.
Si al sentirse triste y amargado levanta la voz, el Creador escuchará sus gritos.
Hacete querer por los demás, y respetá a la autoridad.
Escuchá con atención al pobre y devolvele con sencillez el saludo.
Librá al oprimido del opresor, y no te negués a dar un fallo justo.
Portate como un padre con los huérfanos y como un esposo con las viudas. Así Dios te llamará hijo (Mt 5,9), te amará y te librará de la desgracia.
La Sabiduría instruye a los que la buscan; los guía como si fueran hijos suyos. Los que la aman, aman la vida; los que la buscan con afán, agradan al Señor.
Los que la retienen, recibirán honor de Él; dondequiera que vivan los bendecirá el Señor.
Servirla a ella es servir al Dios Santo; el Señor ama a los que La aman.
El que la obedece, juzgará a las naciones; el que le hace caso, vivirá en la casa de ella.
Disimuladamente caminará con él. Primero lo pondrá a prueba, y cuando tenga de ella lleno el corazón, volverá a él para guiarlo y revelarle sus secretos.
Pero si él se desvía, lo rechazará y lo entregará a la ruina.
Hijo mío: fijate en las circunstancias y alejate del mal, para que no te avergüences de vos mismo.
Porque hay una vergüenza que trae pecado y otra vergüenza que produce honor y buena fama.
No tengas consideraciones con otros en perjuicio propio, ni seas tan tímido que te perjudiques a vos mismo.
No dejes de hablar cuando sea necesario ni escondas tu sabiduría. Porque la sabiduría se conoce al hablar, y la inteligencia, al dar respuesta.
No seas rebelde a la verdad, ni luchés contra la corriente de forma insensata.
No te avergoncés de confesar tus faltas, avergonzate más bien de tu ignorancia.
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| No te avergoncés de confesar tus pecados. El demonio te roba la vergüenza para pecar, y te la devuelve para confesarte. |
Luchá por la justicia hasta la muerte, y el Señor luchará a favor tuyo.
No seas sobrador cuando hables, ni débil y cobarde en tus acciones. No seas como un león con tu familia y tímido con tus esclavos.
No mantengas la mano extendida para recibir, y recogida para dar.


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