Hijos míos, escúchenme a Mí, que soy su Padre: sigan mis consejos y se salvarán.
El Señor quiere que el padre sea honrado por su hijo, y que la autoridad de la madre sea respetada por ellos.
El que respeta a su padre alcanza el perdón de sus pecados, y el que honra a su madre reúne una gran riqueza.
El que respeta a su padre recibirá alegría de sus propios hijos; cuando ore, el Señor lo escuchará.
El que honra a su padre tendrá larga vida; el que respeta a su madre será premiado por el Señor, pues obedece a sus padres como si fueran sus amos.
Hijo mío: honra a tu padre con obras y palabras, y así recibirás toda clase de bendiciones. Porque la bendición del padre da raíces firmes a una familia, pero la maldición de la madre arranca de raíz.
No te sientas orgulloso viendo pasar a tu padre vergüenza, pues esto no es ninguna honra para vos.
El honor de un hijo está en el honor de su padre; en cambio, el que desprecia a su madre se llena de pecados.
Hijo mío: esforzate en honrar a tu padre, no lo abandones mientras viva. Socorrer al padre es algo que no se olvidará; será como ofrecer sacrificio por los pecados. Cuando estés afligido, Dios se acordará de vos y va a perdonar tus pecados como el calor del sol derrite el hielo.
Pero, el que abandona a su padre ofende al Señor, y el que hace enojar a su madre es maldecido por Dios.
Hijo mío: sé humilde en todo lo que hagas, y te estimarán más que al que hace muchos regalos. Cuanto más grande seas, más deberás humillarte; así agradarás a Dios. Porque grande es la Misericordia de Dios, y él revela a los humildes sus secretos.
No busqués lo que es demasiado elevado para vos, ni quieras saber lo que es demasiado difícil.
Vos esforzate por entender lo que Dios te manda y no te preocupés de lo que está en secreto. No te inquietés por lo que te sobrepasa, pues lo que ya viste es demasiado para vos.
Muchos se han dejado engañar por sus propias ideas, y falsos pensamientos han desequilibrado su mente.
Al que es terco, al final le irá mal, y el que ama el peligro, morirá en él.
Al terco le esperan muchos sufrimientos, y el pecador amontona más y más pecados.
La desgracia del orgulloso no tiene remedio, pues es el retoño de una mala planta.
El sabio entiende los proverbios de los sabios; el que escucha atentamente se alegra en la sabiduría.
El Señor quiere que el padre sea honrado por su hijo, y que la autoridad de la madre sea respetada por ellos.
El que respeta a su padre alcanza el perdón de sus pecados, y el que honra a su madre reúne una gran riqueza.
El que respeta a su padre recibirá alegría de sus propios hijos; cuando ore, el Señor lo escuchará.
El que honra a su padre tendrá larga vida; el que respeta a su madre será premiado por el Señor, pues obedece a sus padres como si fueran sus amos.
Hijo mío: honra a tu padre con obras y palabras, y así recibirás toda clase de bendiciones. Porque la bendición del padre da raíces firmes a una familia, pero la maldición de la madre arranca de raíz.
No te sientas orgulloso viendo pasar a tu padre vergüenza, pues esto no es ninguna honra para vos.
El honor de un hijo está en el honor de su padre; en cambio, el que desprecia a su madre se llena de pecados.
Hijo mío: esforzate en honrar a tu padre, no lo abandones mientras viva. Socorrer al padre es algo que no se olvidará; será como ofrecer sacrificio por los pecados. Cuando estés afligido, Dios se acordará de vos y va a perdonar tus pecados como el calor del sol derrite el hielo.
Pero, el que abandona a su padre ofende al Señor, y el que hace enojar a su madre es maldecido por Dios.
Hijo mío: sé humilde en todo lo que hagas, y te estimarán más que al que hace muchos regalos. Cuanto más grande seas, más deberás humillarte; así agradarás a Dios. Porque grande es la Misericordia de Dios, y él revela a los humildes sus secretos.
No busqués lo que es demasiado elevado para vos, ni quieras saber lo que es demasiado difícil.
Vos esforzate por entender lo que Dios te manda y no te preocupés de lo que está en secreto. No te inquietés por lo que te sobrepasa, pues lo que ya viste es demasiado para vos.
Muchos se han dejado engañar por sus propias ideas, y falsos pensamientos han desequilibrado su mente.
Al que es terco, al final le irá mal, y el que ama el peligro, morirá en él.
Al terco le esperan muchos sufrimientos, y el pecador amontona más y más pecados.
La desgracia del orgulloso no tiene remedio, pues es el retoño de una mala planta.
El sabio entiende los proverbios de los sabios; el que escucha atentamente se alegra en la sabiduría.
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