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Capítulo 5: Contra la presunción - Luego, la sinceridad ante todo

No confíés en tu riqueza, ni digás: "tengo suficiente".

No confíés en tus fuerzas para seguir tus caprichos.

No digás: "nadie puede contra mí", porque el Señor te va a pedir cuentas.

No digás: "pequé y no me pasó nada". Lo que pasa es que Dios es muy paciente.

No abusés de su perdón para seguir pecando más y más.

No digás: "Dios es muy compasivo; por más que yo peque, Él me va a perdonar". Porque Él se compadece pero también se enoja, y castiga con ira a los malvados.

Jesús saca a los cambistas del Templo

No tardés en volverte a Él; no dejés esto siempre "para mañana". Porque cuando menos lo pienses, el Señor se va a enojar y en el día del castigo vas a caer.

No confiés en riquezas mal adquiridas, porque no te van a servir para nada en el día del castigo.

No tirés el trigo a cualquier viento, ni camines en cualquier dirección.

Sé constante en tu forma de pensar, y no tengas más que una palabra.

Apurate para escuchar, pero respondé con calma.

Si podés, respondé a los demás, pero si no, quedate callado.

El hablar puede servir para la honra y para la deshonra. ¡La lengua a veces es la ruina del hombre!

No seas falso, ni calumniés con tu lengua.

Así como para el ladrón se hizo la vergüenza, las peores injurias se hicieron para el falso.

No hagás ningún mal, ni grande ni chiquito.

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