Hijo mío, si querés servir a Dios, preparate para las dificultades. Fortalecé tu voluntad y sé valiente, para no acobardarte cuando llegue la dificultad. Unite a Dios y no te separes de Él; así, al final tendrás prosperidad.
Aceptá todo lo que venga, como venido de las manos de Dios. Y sé paciente si la vida te trae sufrimientos. Porque el valor del oro se prueba en el fuego, y el valor de los hombres en el horno del sufrimiento.
Confiá en Dios, y Él te ayudará. Actuá rectamente y esperá en Él.
Ustedes los que honran a Dios, confíen en su misericordia. No se desvíen del camino recto, para no caer.
Los que honran a Dios, confíen en Él y no quedarán sin recompensa.
Los que honran a Dios, esperan prosperidad, la felicidad eterna y el amor de Dios.
Fíjense lo que sucedió en otros tiempos: nadie que haya confiado en el Señor se vio decepcionado; nadie que lo honrara fielmente se vio abandonado. Él escuchó a todos los que lo invocarón.
Porque el Señor es tierno y compasivo, perdona los pecados y salva y consuela en tiempo de aflicción.
Pero... ¡ay de los corazones cobardes y las manos perezosas! ¡Hay de los pecadores que llevan una vida doble! ¡ay de los corazones débiles, que no tienen confianza! ¡Dios no los protegerá!
¡Ay de los que no saben soportar con paciencia! ¿Qué harán cuando el Señor permita esta o aquella dificultad que los ponga a prueba?
Los que honran al Señor obedecen lo que Él ordena; aquellos que le aman, hacen lo que Él quiere.
Los que honran al Señor tratan de hacer lo que a Él le agrada; aquellos que le aman cumplen con gusto su ley.
Los que honran al Señor están siempre dispuestos a humillarse delante de Él,
Pongámonos en las manos del Señor y no en las manos de los hombres. Porque el amor de Dios es igual a su grandeza.
Aceptá todo lo que venga, como venido de las manos de Dios. Y sé paciente si la vida te trae sufrimientos. Porque el valor del oro se prueba en el fuego, y el valor de los hombres en el horno del sufrimiento.
Confiá en Dios, y Él te ayudará. Actuá rectamente y esperá en Él.
Ustedes los que honran a Dios, confíen en su misericordia. No se desvíen del camino recto, para no caer.
Los que honran a Dios, confíen en Él y no quedarán sin recompensa.
Los que honran a Dios, esperan prosperidad, la felicidad eterna y el amor de Dios.
Fíjense lo que sucedió en otros tiempos: nadie que haya confiado en el Señor se vio decepcionado; nadie que lo honrara fielmente se vio abandonado. Él escuchó a todos los que lo invocarón.
Porque el Señor es tierno y compasivo, perdona los pecados y salva y consuela en tiempo de aflicción.
Pero... ¡ay de los corazones cobardes y las manos perezosas! ¡Hay de los pecadores que llevan una vida doble! ¡ay de los corazones débiles, que no tienen confianza! ¡Dios no los protegerá!
¡Ay de los que no saben soportar con paciencia! ¿Qué harán cuando el Señor permita esta o aquella dificultad que los ponga a prueba?
Los que honran al Señor obedecen lo que Él ordena; aquellos que le aman, hacen lo que Él quiere.
Los que honran al Señor tratan de hacer lo que a Él le agrada; aquellos que le aman cumplen con gusto su ley.
Los que honran al Señor están siempre dispuestos a humillarse delante de Él,
Pongámonos en las manos del Señor y no en las manos de los hombres. Porque el amor de Dios es igual a su grandeza.
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